Además de la genética y el entorno, se sabe que los estilos de vida tienen una gran influencia en la salud y en la forma en la que se envejece, siendo estos factores en los que las personas pueden influir. Los estilos de vida hacen referencia a la alimentación, al ejercicio físico, a la calidad del sueño y a la gestión del estrés. Manteniendo unos hábitos saludables en estos aspectos, se podrá contribuir de forma preventiva a retrasar los efectos de los cambios irremediables que se producen en las células con el paso del tiempo y, de esta forma, conseguir un mayor estado de bienestar en las edades avanzadas.