Amor y naufragio.

Cerramos la bitácora anterior preguntándonos si era posible encontrar un análogo a la transformada de Fourier en nuestra forma de comprender una película. Podríamos imaginar, por qué no, un “espectro de energía”, según el cual la información que almacenaríamos sobre la película se estructuraría en base al ritmo: si es lenta, si tiene muchos momentos de acción, si tiene muchos altibajos… Pero, ¡oh, sorpresa!, esto no es nada más que el espectro de frecuencia. La cuántica nos dice que la energía de un fotón es la frecuencia multiplicada por la constante de Planck (E=hf). Sin embargo, el espacio en el que estamos realizando la transformación es diferente al de la primera bitácora. Esto es porque el objeto sobre el que la estamos realizando es también diferente. Ya no se trata de la película como objeto real, físico, sino de la película como entelequia resultante de la interacción del objeto físico con el proceso de percepción. Pese a ello, no parece que el ritmo sea suficiente para describir una película. Es un parámetro vacío. Solo con él no sabemos qué es lo que sucede.
Consideremos una idea de “energía” más compleja, con más colores, más dimensiones… Menos “física”, también. Quizá la forma más natural sea pensar en conceptos, en acciones, en estados: amor, lucha, muerte, disparo, pelar patatas, tristeza… Todos estos términos habitan en un topos complejo, imbricado, multidimensional, difícilmente jerarquizable… Pero esto no debe impedirnos jugar. Solo queda elegir el modelo de prueba, el “toy model”. Nuestra propuesta es la siguiente: Titanic.

Si tuviésemos que comprimir Titanic en solo dos “frecuencias”, es decir, en dos conceptos, en dos categorías, seguramente elegiríamos algo así como “amor” y “naufragio”. Claro que hay otros muchos grandes parámetros que estamos despreciando, pero si tuviésemos que elegir solo dos, serían estos. Qué pinta tendría, por tanto, nuestro espectro de Fourier. Reduciendo dos cuestiones tan distantes a un solo plano, para no complicar excesivamente el sistema, tendríamos dos grandes picos en las “frecuencias” naufragio y amor y, luego, otros picos menores que estos en otras “frecuencias”, correspondientes a otros conceptos que hemos despreciado. Para hacer nuestro modelo lo más realista posible, tenemos que elegir razonablemente los valores de la frecuencia. El naufragio es un acontecimiento puntual, muy intenso; por tanto, parece razonable sugerir un valor alto, 70 Hz (cuanta mayor frecuencia, mayor energía y menor periodo). Al contrario, la historia de amor se extiende a lo largo de todo el filme, con un nivel menor de energía, así que parece apropiado escoger una frecuencia más baja, 10 Hz. Con todo ello, el espectro de Fourier de Titanic podría ser algo así como lo que vemos en la primera gráfica de la imagen. Si quisiésemos reconstruir la película haciendo uso de la transformada de Fourier inversa, obtendríamos la segunda gráfica, que recuerda a la gráfica que representaba una suma de señales en la bitácora anterior, mas con ruido añadido.
Pero, un momento, algo falla. ¿No lo veis? Es imposible reconstruir la historia. ¿Estamos acaso ante un película de amor zombie? ¿Ante una minimalista historia de amor entre dos náufragos que comparten su minúscula barca? ¿Ante un dulce romance que finaliza abruptamente ahogado en gélidas aguas? Fourier no es capaz de discriminar el momento en el que sucede cada cosa, ni el orden. Para Fourier todas las frecuencias duran la totalidad de la película. Nos hemos topado con una falla. Todo está perdido… ¿O no? ¿Y si de alguna forma pudiésemos guardar información sobre el tiempo en la transformada de Fourier? Si pudiésemos saber cuándo pasa cada cosa, cada “frecuencia”… Pero, ¡ay!, de repente suena atronadora la voz de Heisenberg, taxativo: no es posible conocer al mismo tiempo la posición y el momento de un fotón. Parpadeamos perplejas: ¿Y a nosotras qué? Pues bien, el principio de incertidumbre nos atañe: es equivalente su enunciación típica a decir que no es posible conocer al mismo tiempo el momento en el que sucede (hoy, ayer, hace dos millones de años, en todos estos momentos a la vez…) y la energía (la frecuencia) de una onda. Parece que no queda nada a lo que agarrarse. Mas quizá si consiguiéramos un compromiso entre…
Paremos, no corramos. Antes de nada, necesitamos saber cómo sería de verdad Titanic, cómo es esa señal que queremos comprimir. Ya sabemos sobradamente, porque la historia nos la sabemos de memoria, más o menos cuándo sucede cada “frecuencia”. Así que es fácil de imaginar un Titanic señalético. Sería una cosa así:

Con esta imagen, partimos a lomos de nuestro ígneo Eo en busca de ese apenas formulado compromiso. ¿Seremos capaces de encontrarlo? “If we do meet again, why we shall smile; If not, why then this parting was well made” [1].
Notas
[1] William Shakespeare: Julio César, acto V, escena I. La traducción sería algo así como: “Si volvemos a encontrarnos, sonreiremos; si no, bien estuvo esta despedida”.