Además de la genética y el entorno, ambos factores difíciles de modificar, se sabe que los estilos de vida tienen una gran influencia en la salud y en la forma en la que se envejece, siendo estos factores en los que las personas pueden influir. Los estilos de vida hacen referencia a la dieta, al ejercicio físico, a la calidad del sueño y a la gestión del estrés. Manteniendo unos hábitos saludables en estos aspectos, se podrá contribuir de forma preventiva a retrasar los efectos de los cambios irremediables que se producen en las células con el paso del tiempo y, de esta forma, conseguir un mayor estado de bienestar en las edades avanzadas.
En bitácoras anteriores hemos hablado de posibles intervenciones sobre el cuerpo, relativas a la dieta o al ejercicio, para modular del envejecimiento celular. Sin embargo, en esta bitácora vamos a hablar de cómo las intervenciones sobre nuestra “mente” podrían también modular el envejecimiento celular, apoyándose en la evidencia que relaciona la longitud de los telómeros con la exposición al estrés cognitivo y la depresión.
Elissa Epel et al., en su estudio “¿Puede la meditación reducir la velocidad de envejecimiento celular? Estrés cognitivo, mindfulness y telómeros” [1], revisan los datos que relacionan las longitud de los telómeros con el estrés cognitivo y la activación del estrés y que vinculan la evaluación cognitiva con la longitud de los telómeros. Y proponen que algunas formas de meditación pueden tener efectos saludables sobre la longitud de los telómeros, al reducir el estrés cognitivo y la excitación del estrés, y aumentar los estados mentales positivos y los factores hormonales que pueden favorecer el mantenimiento de los telómeros.

Para ver la relación entre función psicológica y longevidad, los autores examinaron si mujeres jóvenes sanas bajo estrés crónico tenían telómeros más cortos que aquellas con niveles bajos de estrés vital. Descubriendo que el estrés objetivo (años de cuidado), y las percepciones del estrés de la vida, estaban relacionados con una longitud más corta de los telómeros. Además, otros estudios han encontrado telómeros acortados en la depresión mayor y en aquellos con un nivel socioeconómico más bajo.
Las situaciones en las que está en juego un objetivo que es importante para la persona y las demandas de la situación superan los recursos de la persona para afrontarla pueden causar estrés. Una persona puede sentirse estresada si la situación perjudica o amenaza objetivos importantes (evaluación de amenaza). Por el contrario, en una situación estresante, una persona puede ver la posibilidad de hacerlo bien y, por lo tanto, percibir el factor estresante como un desafío (evaluación de desafío). Las evaluaciones de amenaza son las que generan el tipo de estrés dañino vinculado al envejecimiento celular.
En el estudio de las cuidadoras maternas, los autores examinaron y analizaron la respuesta a un factor de estrés psicosocial de laboratorio, encontrando una correlación significativa entre la proporción de desafío a amenaza y los telómeros más largos, lo que sugiere que evaluar un factor estresante estandarizado como más desafiante que amenazante puede estar relacionado con una mayor longitud de telómeros. La evaluación predominante, determinada por el equilibrio relativo de las evaluaciones, probablemente esté relacionada con las formas habituales de respuesta a pequeños factores estresantes diarios.
El sistema neuroendocrino y el sistema nervioso autónomo, que regulan la respuesta al estrés, son importantes mediadores fisiológicos entre el estrés emocional y la enfermedad. Las percepciones de control ayudan a determinar si una situación se evalúa como amenaza o como desafío y, estas evaluaciones, a su vez, son determinantes primarios de las respuestas fisiológicas al estrés. Sentir falta de control estimula la reactividad del cortisol. Los estados emocionales positivos pueden promover un patrón de excitación más saludable: activar ciertas hormonas anabólicas como la testosterona y la DHEA o un mayor tono vagal (actividad parasimpática).
En el estudio de las cuidadoras maternas, aquellas con telómeros más cortos excretaron niveles más altos de cortisol y epinefrina en la orina durante la noche, lo que sugiere una actividad de respuesta al estrés crónicamente elevada. Al examinar la telomerasa, se encontró que la telomerasa baja estaba relacionada con una mayor activación hemodinámica basal, variabilidad cardíaca más baja y mayor reactividad simpática al estrés en laboratorio. También se relacionó con un tono vagal en reposo más bajo.
La práctica formal de la meditación de la atención plena o mindfulness consiste en dirigir la atención a un objeto determinado y, cuando aparecen las distracciones (pensamientos, sentimientos, etc.) y se pierde el enfoque en el objeto, notar esas experiencias, dejarlas ir y, sin juzgar, devolver la atención al objeto previsto. Esta práctica puede fortalecer la conciencia de la experiencia presente al aumentar la conciencia metacognitiva del pensamiento, la sensación de control (es decir, que se reduce la necesidad de controlar) y la aceptación de la experiencia emocional. Estos estados y habilidades reducen el estrés cognitivo y por lo tanto aumentan la capacidad para realizar evaluaciones más precisas, reduciendo las evaluaciones de amenazas exageradas y la rumiación. Por lo tanto, amortiguan el estrés y esto, a su vez, puede reducir la velocidad de envejecimiento celular.
Las prácticas de meditación parecen mejorar el equilibrio endocrino hacia la excitación positiva (DHEA alta, cortisol más bajo) y disminuir el estrés oxidativo, por lo tanto, pueden promover la longevidad de las células mitóticas al disminuir las hormonas del estrés y el estrés oxidativo y aumentar las hormonas que pueden proteger a los telómeros.
Notas
[1] Elissa Epel et al. (2009). Can meditation slow rate of cellular aging? Cognitive stress, mindfulness, and telomeres. Annals of the New York Academy of Sciences, Aug:1172:34-53. doi: 10.1111/j.1749-6632.2009.04414.x.