
La actividad física regular tiene múltiples beneficios probados: es clave para prevenir y ayudar a controlar enfermedades cardíacas, la diabetes tipo 2 y el cáncer, así como para reducir los síntomas de depresión y ansiedad, el deterioro cognitivo, mejorar la memoria y estimular la salud del cerebro.
Las estimaciones mundiales más recientes muestran que uno de cuatro adultos (27,5%) y más de las tres cuartas partes de los adolescentes (81%) no cumplen con las recomendaciones de ejercicio aeróbico tal y como se describen en las Recomendaciones Mundiales de Actividad Física para la Salud 2010, por lo que existe una necesidad urgente de aumentar la prioridad y la inversión dirigida a los servicios para promover la actividad física [1].
El trabajo “Directrices 2020 de la Organización Mundial de la Salud sobre actividad física y comportamiento sedentario” de Bull y colaboradores (2020) resume las últimas directrices de la OMS publicadas en 2020 sobre la actividad física y comportamiento sedentario que se basan en búsquedas bibliográficas y revisiones sistemáticas de evidencia recopilada, realizadas por expertos de los grupos de trabajo de la OMS. La recomendación para todos los adultos (18 a 64 años) es la de realizar de 150 a 300 minutos de actividad física de intensidad moderada, o de 75 a 150 minutos de actividad física vigorosa, o alguna combinación equivalente de actividad física aeróbica de intensidad moderada y de intensidad vigorosa, por semana. Los episodios de cualquier duración cuentan para estas recomendaciones, dando importancia al volumen total de actividad física. Más allá de la actividad física aeróbica, se obtendrán beneficios adicionales para la salud a través de la participación en actividades de fortalecimiento muscular a una intensidad moderada o mayor durante 2 o más días a la semana. La actividad física acumulada en el trabajo, el ocio, el hogar o durante el transporte cuenta para las cantidades recomendadas.
Además, para los adultos mayores (de 65 años o más) se revisaron otros resultados relacionados con la salud debido a la gran importancia de características propias del envejecimiento como caídas, lesiones relacionadas con caídas, función física, fragilidad y osteoporosis, resultando una relación dosis-respuesta inversa en el volumen de actividad física aeróbica y el riesgo de limitaciones funcionales físicas en los adultos mayores. La evidencia demuestra que los ejercicios funcionales y de equilibrio reducen la tasa de caídas, y que realizar una variedad de diferentes tipos de actividad física puede ayudar a mejorar elementos de la función física. El riesgo de lesiones relacionadas con caídas puede reducirse con la actividad física de componentes múltiples (combinaciones de equilibrio, fuerza, resistencia, marcha). Por lo tanto, se recomienda que, además de las recomendaciones para adultos (18 a 64 años), como parte de su actividad física semanal, los adultos mayores agreguen actividad física variada y multicomponente que enfaticen el equilibrio y la coordinación, así como el fortalecimiento muscular, de intensidad moderada o mayor durante 3 o más días a la semana para mejorar la capacidad funcional y prevenir caídas. Además los programas que involucran múltiples tipos de ejercicio probablemente tengan efectos significativos sobre la salud ósea y la prevención de la osteoporosis.
La longitud de los telómeros puede ser un marcador biológico potencial para el envejecimiento biológico, como lo demuestra la relación inversa entre edad y longitud de telómeros. Además, la longitud de los telómeros de los leucocitos se asocia positivamente con el número de años de vida sana, lo que puede indicar que la longitud de los telómeros de los leucocitos es un biomarcador del envejecimiento saludable [2].
Los telómeros se encuentran al final de los cromosomas, son tramos largos de repeticiones de TTAAGGG-ADN asociadas a proteínas específicas. La longitud de los telómeros es especialmente sensible a la replicación celular ya que se acorta en cada replicación del ADN. La enzima telomerasa sintetiza repeticiones teloméricas adicionales evitando la pérdida de información genómica importante, la senescencia celular y la apoptosis. Hay pruebas sólidas del papel de la longitud de los telómeros como sello principal del envejecimiento, lo que allana el camino para investigar tanto su papel predictivo en las enfermedades relacionadas con la edad y la mortalidad, como si el estilo de vida puede modularla más allá del trasfondo genético [3].
La variabilidad en la tasa de acortamiento de los telómeros sugiere que la atrición de los telómeros puede ser un factor modificable. Se cree que el estrés oxidativo que conduce a la inflamación crónica desempeña un papel importante en el envejecimiento y, por lo tanto, en la atrición de los telómeros. Dado que el estilo de vida influye notablemente en la vía de la oxidación-inflamación, éste podría estar relacionado con la biología de los telómeros.
En estudios se han relacionado los niveles más altos de actividad física o ejercicio con las longitudes de los telómeros más largas en varias poblaciones. Esta relación es particularmente evidente en las personas mayores, lo que sugiere un papel de la actividad física en la lucha contra las típicas disminuciones inducidas por la edad en la longitud de los telómeros. No está clara la relación entre ejercicio y longitud de los telómeros, pero se discuten varios mecanismos por los que el ejercicio podría afectar a la longitud de los telómeros como los cambios en la actividad de la telomerasa, el estrés oxidativo, la inflamación y la disminución del contenido de células satélite del músculo esquelético. La revisión sistémica realizada por Arsenis y colaboradores (2017) en su estudio “Actividad física y longitud de los telómeros: impacto del envejecimiento y posibles mecanismos de acción” trata de investigar si la actividad física influye en la longitud de los telómeros y discutir los posibles mecanismos de acción.
Tras la revisión de la mayoría de las investigaciones disponibles, los autores concluyen que la actividad física disminuye la inflamación crónica y estrés oxidativo, especialmente en personas mayores y obesas, y por tanto puede reducir el acortamiento de los telómeros observado con el envejecimiento. Por lo tanto, el ejercicio puede tener un efecto protector sobre la longitud de los telómeros y puede ser especialmente beneficioso para adultos de mediana edad, ancianos y personas que tienen riesgo de padecer o viven con enfermedades crónicas con alto estrés oxidativo e inflamación, mostrando un gran potencial para mejorar el bienestar y aumentar la longevidad.
En Zoocánica, y dentro del proyecto de Cuidados: Estrategias Regenerativas, investigamos cómo los estilos de vida, y en concreto el ejercicio físico, influyen en la salud y en la forma en la que se envejece.
Referencias
[1] Bull, F., Saad Al-Ansari, S., Biddle, S., Borodulin, K., Buman, M., Cardon, G., … Willumsen, J. (2020). World Health Organization 2020 Guidelines on Physical Activity and Sedentary Behaviour. British Journal of Sports Medicine, 1451–1462. https://doi.org/10.1136/bjsports-2020-102955
[2] Arsenis, N. C., You, T., Ogawa, E. F., Tinsley, G. M., & Zuo, L. (2017). Oncotarget 45008 www.impactjournals.com/oncotarget Physical activity and telomere length: Impact of aging and potential mechanisms of action. Oncotarget, 8(27), 45008–45019. Retrieved from www.impactjournals.com/oncotarget/
[3] Freitas-Simoes, T. M., Ros, E., & Sala-Vila, A. (2016). Nutrients, foods, dietary patterns and telomere length: Update of epidemiological studies and randomized trials. Metabolism: Clinical and Experimental, 65(4), 406–415. https://doi.org/10.1016/j.metabol.2015.11.004