Apuntes informales sobre el diseño de proyectos

Tener ideas es fácil. Tener buenas ideas es un poco más difícil, pero sigue estando al alcance de cualquiera que dedique suficiente tiempo, trabajo y materia gris a un tema determinado. Pero poner esas ideas a prueba dentro de un marco investigador requiere metodología y de una alfabetización científica fundamental. No es una habilidad innata.

Proyectar una idea, es decir, desarrollar un proyecto, tiene una parte de arte y otra, sobre todo, de artesanía. De oficio, podríamos decir. No hay una única forma de plantearlo, pero existen unos criterios básicos, adquiridos por formación y experiencia. Por los caminos, sendas y barrancos indagados a lo largo de los años.

Investigadoras cooperativas con un solo cuerpo.

Esta bitácora es un apunte personal sobre cómo proyectar una idea hasta convertirla en una investigación. No es una guía ni (mucho menos) una lección magistral, es una radiografía que, por un lado, pone orden interno a los esquemas mentales de quien escribe y, por otro, quiere servir de aproximación para quién la lee, para sumar cuerpo a sus ideas y volverla cómplice de los procesos en los que ya participa.

PREGUNTAS BASE

Antes de nada, para poder establecer una buena hoja de ruta, es útil plantear el proyecto en clave de preguntas:

1. Qué voy a investigar. O cuál es la idea que voy a desarrollar.
2. Por qué quiero desarrollarla. O para qué llevar a cabo el proyecto.
3. Cómo voy a hacerlo, con quién, por qué medios y según qué métodos.

4. Cuándo voy a hacerlo, en qué tiempos y en qué fechas.
5. Cuánto necesito, en materiales y recursos.

Con una imagen mental básica, es posible formular las dos cuestiones más importantes de cualquier proyecto:

· Hipótesis de trabajo.
· Objetivos del proyecto.

HIPÓTESIS DE TRABAJO

La hipótesis es la propuesta de fondo que se quiere probar. La forma más correcta de hacerlo es mediante la refutación de la hipótesis opuesta a la propuesta (la llamada hipótesis nula). Es un planteamiento formal, que debe ser lo más sintético y inequívoco posible. Algunos ejemplos de hipótesis serían:

– La población de moscas A y B tienen distinta sex ratio.
– El tratamiento X tiene un efecto sobre la enfermedad Y.
– El material W resiste una presión superior a las 100 atmósferas
.

Y sus hipótesis contrarias o nulas serían:

– Las poblaciones de moscas A y B son iguales en sex ratio.
– El tratamiento X no tiene efectos sobre la enfermedad Y.
– El material W no resiste la presión superior a 100 atmósferas.

Tener una hipótesis clara es la antesala para poder establecer un método de investigación y experimentación, con el que podamos resolver si la afirmación propuesta es verdadera o falsa.

OBJETIVOS DE PROYECTO

Los objetivos permiten plantear de forma concisa qué se va a hacer en un proyecto, incluyendo despejar las hipótesis planteadas, pero también cumplir con tareas, procesos y gestiones intermedias. Los objetivos del proyecto se declaran mediante una fórmula del tipo “esto – para – esto otro”. Los objetivos pueden ser generales y específicos.

Los objetivos generales son una presentación de intenciones, deben abarcar el sentido del proyecto de forma completa. Por ejemplo:

El objetivo general de esta bitácora es recoger los puntos clave sobre como plantear un proyecto, para facilitar la comprensión de otras compañeras y ayudarlas en su proceso investigador.

Los objetivos específicos son tareas concretas, que pueden y deben ser resueltas a lo largo de la investigación. Por ejemplo:

Describir cómo se definen los objetivos específicos de una investigación, para contrastar con los objetivos generales.

Una buena lista de objetivos permite identificar las necesidades a cubrir y cómo afrontarlas, y es fundamental para los siguientes pasos a proyectar: el establecimiento de fases y tareas.

FASES Y TAREAS

La distribución por fases permite seccionar el proyecto en etapas definidas, con un inicio y un fin, que a su vez contienen unas tareas a completar para que la fase quede superada. Las fases siguen un orden secuencial, donde en ocasiones una puede solapar con otra. Un esquema habitual, a modo de ejemplo, puede ser el siguiente:

1. Estudio del estado del arte
2. Diseño general del proyecto
3. Puesta a punto metodológica
4. Experimentos / Recogida de datos
5. Procesado y análisis de datos
6. Discusión e interpretación
7. Síntesis de resultados
8. Informes y comunicación

Cada una de estas fases tiene asociadas unas tareas o paquetes de trabajo. Estos paquetes deben describir no solo que se va a hacer, sino quién lo va a hacer (si hay varios equipos trabajando) y en qué tiempos, además del resultado material (entregables) que se espera obtener. Por ejemplo:

Paquete de trabajo A: Plano de distribución de estaciones de medida.
Equipo de trabajo: Territorios.
Tareas: Se plantearán las ubicaciones de todas estaciones de medición medioambiental sobre el área de estudio, incluyendo su posición relativa y absoluta. Se consultará con el gestor territorial.
Entregable: Plano situacional e informe.
Fechas: Semana 2.

Una vez establecidas las fases y tareas, faltaría completar el diseño con una buena acotación temporal y material. Para lo primero, se plantea un cronograma de trabajo, un calendario esquemático en el que la ejecución de las fases quedan definidas por meses y/o semanas.

Para lo segundo, se debe construir un presupuesto que incluya los gastos materiales necesarios para cumplir con cada una de las tareas, así como subcontrataciones y el propio personal. Esto requiere de la consulta al equipo de gestión, así como del contacto con proveedores y partners.

ALGUNOS APUNTES SOBRE EL DISEÑO EXPERIMENTAL

De todas las fases planteadas, probablemente la más delicada es el diseño experimental. Esta abarca la formulación de las hipótesis, pero también los medios por los que vamos a ponerlas a prueba. Es el corazón de la investigación. Un buen diseño puede dar malos resultados, pero un mal diseño nos llevará a resultados erróneos.

Por ello, algunas cuestiones a atender son:

· Plantear escenarios simples.
· Resolver una hipótesis por vez.
· Usar técnicas conocidas, fiables y precisas.
· Controlar las variables externas al máximo.
· Construir protocolos claros y completos para cada tarea.
· Definir los parámetros de cada grupo de estudio y control.
· Conocer de antemano qué tipo de datos esperamos obtener.
· Tener una idea previa de cómo vamos poder analizar los datos.
· Si estudiamos un problema complejo, tratarlo de forma modular.

NOTAS FINALES: PROYECTAR EN COMÚN

La investigación no es una actividad individualizada. Conocer es un proceso comunitario, algo que emerge de la acción de individuos que comparten un saber, que trabajan y planifican para ampliar los limites de su universo cognoscible.

Establecer un grupo de trabajo es el primer paso para cualquier proyecto. Ese grupo puede ser solo fundacional, puede ampliarse o recomponerse más adelante, cuando el proyecto germina. Pero, en cualquier caso, necesitamos un todo en el que referenciarnos.

Aprovechar la experiencia y las habilidades de nuestras compañeras como palanca nos permite llegar nuestros objetivos comunes.

¡Llenemos el vacío de lo desconocido con nuestras proyecciones materiales!