Bacilo (en rigor, coco) con superpoderes, por una artista cibernética.

Los microorganismos son capaces de todo. Bacterias y arqueas, sacadas del más fantástico relato de ciencia ficción, sobreviven a las más extrañas y difíciles condiciones. Claro está, desde nuestra perspectiva. Ácido sulfúrico, temperaturas que superan los 200 grados centígrados, congelación, salinidad y desecación extrema. Radiación nuclear y espacial. Eso que llamamos ambientes extremos, ellas simplemente lo llamarían hogar.

Adaptadas a la perfección a su entorno, respiran hierro y azufre, transforman hidrógeno en metano, se alimentan de la luz del sol e iluminan los océanos con destellos fosforescentes. Se asocian con todos los organismos del planeta, sumando sus habilidades a las de otras criaturas. Intercambian su material genético a demanda, crean ciudades en miniatura y estructuras multicelulares altamente organizadas. Aprenden de la experiencia y desarrollan memoria colectiva. El repertorio de habilidades es tan enorme que excede nuestra imaginación.

En tiempos recientes, se han encontrado bacterias capaces de degradar los más resistentes plásticos y depurar toda clase de residuos de la actividad humana. Su resiliencia es tan grande que probablemente la primera forma de vida que encontremos en otros planetas sean pequeños polizones de nuestro propio mundo. Lo tapizan todo. Suelo, aire y agua. Cada poro y superficie de nuestro cuerpo, las esferas sociales que compartimos. Conectan cada intersticio de la Biosfera, convirtiéndola, de facto, en un todo coherente.

No sabemos cuáles son sus límites. Se ha llegado a hipotetizar sobre la posibilidad de degradar residuos nucleares, transformar la materia en su mínima expresión. ¡Microorganismos atómicos! ¡Absurdo! ¡Maravilloso! ¿Se imaginan? Sin duda, otro relato de ciencia ficción. Pero de la más clásica y audaz, aquella que se atrevía a perseguir utopías, a construir fantasías provocadoras. A explorar mundos imposibles, improbables, habitables.

Puede que haya quedado muy atrás el tiempo de imaginar realidades fantásticas. La ciencia está para cosas más serias. Y la ficción para negocios más seguros.

Suerte que a nuestras pequeñas compañeras no les afecta nada nuestra diminuta incredulidad.