
La idea de evolución que ha permeado, tanto en la esfera científica como en la popular, es la de una cadena infinitesimal de transformaciones dilatadas a lo largo de eones. Un proceso continuo, gradual y de ritmo constante, solo perturbado por los raros e infrecuentes cataclismos que, de tanto en tanto, sufre nuestro planetario hogar.
En un baile incesante, los individuos más capaces son seleccionados lenta y diligentemente por el justo proceso de competencia, que lleva al éxito de los fuertes y la muerte de los débiles. El azar y la herencia son responsables de aquellas diferencias que marcan el devenir de cada organismo, del bicho más tarugo al autoproclamado rey de la selva.
Digámoslo de una vez, sin tapujos, aquí quien se extingue es porque se lo tiene merecido. Iba contra natura. No supo jugar sus cartas, era un paria, no conocía su lugar, fue por el mal camino, le venía de familia. Y, seguramente, tampoco se esforzó demasiado. Total, ya se sabe cómo son los de su clase.
Pero, para cada relato, siempre hay una cara B. Un anexo. Un director’s cut de esos que cambian el final y te obligan a ver de nuevo la película con sus dos horas de escenas inéditas.
Esta versión alternativa se viene forjando desde mucho antes del debut del discurso darwinista de la evolución, que hizo las delicias de los seguidores de Malthus y Adam Smith, desde el siglo XIX hasta la fecha. Una narrativa diferente, donde cada ser es sujeto y colectivo, fin y medio.
Esta es la historia de los tejidos emocionados, de la autopoiesis, de las trayectorias soberanas. De la continuidad material e informacional de organismo y ambiente. Del trabajo, de la energía y de la entropía. De los equilibrios puntuados, de los saltos de estado, de la criticidad. Del estallido abrupto, del colapso regulatorio, de las restructuraciones sistémicas. De los monstruos esperanzados.
La historia de la vernalización, de la epigénesis, de la hibridación y la transferencia horizontal. Del orden y del caos. De los sistemas complejos, de los organismos colectivos, de la autoorganización. De las propiedades emergentes, de la simbiosis, del apoyo mutuo. De la respuesta creativa frente al estrés, la perturbación y la extinción inminente. De la obstinación de la Vida frente a la muerte.
Es la historia de todo aquello que no debería existir. La historia de los sucesos excepcionales en la evolución. La historia de la Transformación, de la Transmutación, de la Revolución. La historia de los momentos que detienen la Historia.
Una historia que se ha contado una y mil veces, y que hoy debe ser contada una vez más.
