Con los dos juegos de calcetines de dedos imprescindibles para el regreso desde un lugar sin origen, cualquiera que sea el otro lado.

En buen estado, aunque le falta alguna dimensión. Tiene etiqueta ECO.

Cuando Onet se preparó para hacer el ejercicio rutinario antes de comenzar la jornada de trabajo, ese día estrenaba calcetines de dedos. A Onet se los recomendó una compañera que los usaba como complemento necesario para su calzado, que también tenía los dedos diferenciados. aniraM, esta compañera, era suficiente garantía para evaluar el rendimiento adecuado de este nuevo tipo de calcetines no desechables. Pero ¿cuál era la actividad a la que estaban destinados los calcetines? ¿Había alguna actividad que requiriera éste tipo de calcetines? La respuesta es que Sí. Regresar desde cualquier otro lado.

Cuando Onet se puso los calcetines se percató de la dificultad a la hora de colocar cada uno de los dedos en los orificios de destino. Adecuó cada una las falanges ayudado por sus manos, estiró la tela de hilo, moldeó y ajustó con precisión los cinco dedos del pie izquierdo y los cuatro dedos del pie derecho. Viajó, metabolizó los contenidos del tiempo transcurrido y regresó sin imprevistos. Dos días más tarde, después del descanso sujeto a convenio, volvió a repetir la rutina. Los calcetines, al no ser desechables, guardaban a modo de memoria física la forma moldeada del viaje anterior. Onet notó que esta vez le costaba mucho menos introducir los dedos en cada uno de los orificios. Apenas necesitó apoyo de sus manos. Ajustó, moldeó, se puso el calzado, viajó y regresó sin imprevistos.

La condición de desechables hacía que Onet tuviera que entregar los singulares artefactos cada cuatro o cinco viajes. Onet al principio no lo entendía, no había sudoración y por lo tanto no había residuo depositado sobre los calcetines. Era una cuestión de protocolo: a Onet le trasladaron que era un tema de seguridad laboral. aniraM ya le previno de este particular; los calcetines se sometían a un control de calidad sobre posibles fisuras y entre muchos de los módulos de control había uno que era el centrifugado. El ciclo de entrega para Onet era de ciclo largo, cinco días.

Onet en un momento dado comentó con aniraM si eran los mismos calcetines los que volvían una vez pasado el control de calidad. Y aquí es cuando Onet perdió el sentido frente a la respuesta que encontró por parte de aniraM. Daba igual. Una vez los calcetines han pasado por el centrifugado han perdido la memoria física y ahora la memoria del calcetín está bajo tus órganos. “No lo entiendo, aniraM –decía– . El centrifugado hace perder la memoria física del calcetín y es el pie el que conserva la memoria. ¿Dónde está la información? ¿Qué significado tiene la memoria?”. El caso es que aniraM siempre insistía en la misma dirección. “Ruido. Los cuerpos parecen no separar el procesamiento de la memoria impresa en los tejidos”, repetía. Normalmente la estructura de un sistema in vitro, su arquitectura, en el caso de una computadora por ejemplo, está fundamentalmente limitada por las herramientas utilizadas para crearla, a saber, el transistor y el paradigma conceptual basado en la separación entre la memoria y el procesador. A nadie le parece incómodo descubrir que los sistemas biológicos presentan una manera de descubrir principios más profundos en la naturaleza y usar esa comprensión para crear nuevos usos, tesis, síntesis, nuevas técnicas y/o tecnologías a diferencia de los algoritmos empleados por tecnologías como la Inteligencia Artificial. Las limitaciones de la electrónica integrada son radicalmente diferentes de los potenciales de acción iónica en los sistemas nerviosos de los cuerpos biogénicos, ya sean los que presentan sistema nervioso central o aquellos que distribuyen su retícula biosemiótica de forma descentralizada. Así como podemos aprender de un pájaro o insecto sobre el concepto de vuelo y aplicar éste conocimiento a la construcción de un artefacto bajo las fronteras de la práctica ingenieril, también podemos aprender de los procesos biológicos sobre el concepto de adaptación física, gestión energética o ciclos metabólicos para aplicar éste conocimiento a la producción de otro tipo de estructuras o meta-estructuras.

“Piensa, Onet –le decía aniraM–. ¿Qué podemos aprender de la naturaleza sobre la termodinámica?”.

Si la Segunda Ley de la termodinámica dice que todo tiende hacia el desorden, ¿por qué esencialmente todo lo que vemos en el universo la contradice de hecho? En casi todas las escalas del universo vemos estructuras ordenadas, suceso que algunos han denominado o recogido bajo el término de auto-organización, concepto, ciertamente, algo conflictivo para Onet cada vez que aniraM lo nombraba. “Desde agujeros negros hasta estrellas y/o planetas, nuestra propia tierra y todo el acontecer vital que discurre en ella, tu cerebro, Onet; incluso algunos sistemas in vitro bio-inspirados o fenómenos como los tornados, los rayos o los ríos”. aniraM hacía el esfuerzo por no usar los mismos ejemplos, pero lo cierto es que para Onet, ya sea por aprensión, vergüenza o solidaridad asertiva con aniraM, todo aquello era una reiteración temporal, un ritual a la altura que el de colocarse los calcetines con dedos antes de cada viaje. aniraM continuaba de forma vehemente comentando que todo nos señala que la materia no tiende al desorden, sino que en realidad su expresión muestra todo lo contrario. Para aniraM, lo realmente inquietante era combinar las dos acepciones, ese cuerpo oscuro entre lo ordenado y lo desordenado ¿Cómo se organiza la materia para producir el factor de ordenación que vemos en la naturaleza si todo tiende al desorden? La realidad es que ésta era una pregunta con trampa y lo más seguro es que Onet todavía no hubiera formado una estructura organular para digerir o asimilar, bajo su actual régimen metabólico, tales disyuntivas. Sencillamente el límite entre el orden y el desorden no estaba claro, ni para Onet, ni para el sistema Onet, ni para aniraM, ni para el sistema aniraM.

Después de unos meses yendo y viniendo de sus viajes, Onet le pasó a aniraM un nuevo artículo que había rescatado en la biblioteca sobre “la base química de la morfogénesis”[1952]. En realidad era una práctica que Onet había convertido en ordinaria. Por alguna razón, más próxima a la intuición que a la deducción, Onet siempre rescataba algún manuscrito para aniraM de entre los muchos papeles que debía clasificar en sus viajes. La realidad es que no sabría decir, ni aniraM tampoco, si Onet había iniciado como promotor estos diálogos con aniraM, a los que el propio Onet no dedicaba mucho entusiasmo, o simplemente había pescado criterios, entre conceptos y atributos que le permitían señalar, no sin algo de magia, aquellos manuscritos que rescataba. Lo curioso para aniraM es que éste artículo estaba escrito por Turing, un personaje que no respondía al perfil clasificado por aniraM. Al parecer pasó los últimos dos años de su vida trabajando sobre la homología entre la estructuras algorítmicas y los sistemas biogénicos, y muy en particular sobre el sistema nervioso central y su unidad de procesamiento principal, el cerebro, como creadores de dichas estructuras. ¿Cómo surge una estructura abstracta compleja, como un algoritmo, de la interacción de una colección homogénea de unidades simples, como supone una colección de bases moleculares?

aniraM sabía que el artículo de Turing no podía ser una coincidencia. En 1944, ocho años antes, Erwin Schrödinger postuló que la materia viva evade la descomposición al equilibrio termodinámico manteniendo la entropía negativa en un sistema abierto. Es decir, la razón por la que una estructura de no equilibrio no se disuelve es porque está disipando energía libre y exportando entropía al medio ambiente para contrarrestar su propia descomposición. Para aniraM esta expresión contenía la necesidad proyectada por Turing en su manuscrito. Para aniraM era muy fácil darse cuenta de esta síntesis, era cuestión de oficio, es lo que hacía, transinducía los contenidos expresados en un área de conocimiento, bajo un registro de categorías cerradas para un campo de conocimiento, en otras fronteras categóricas, abriendo el significante atributivo de los objetos de la razón para que pudieran ser objetos dotados de una topología lingüística. Trataba las ideas como materia. aniraM, visto el acierto columbro de Onet, le invitó a rescatar, si se daba la ocasión, algunos documentos de archivo en las bibliotecas de origen o destino.

aniraM empezó a rescatar algunos nombres para que Onet pudiera memorizarlos. En 1989 Swenson propuso y elaboró la Ley de Producción de Máxima Entropía (LMEP) como un intento de explicación ampliada de la transformación ocurrida entre estados desordenados, o menos ordenados, a estados altamente ordenados. En una misma línea, en 1996, Bejan, comenzó a señalar un nuevo principio sobre la teoría termodinámica mediante el enunciado de una Cuarta Ley, que fabrica un puente entre la física y la biología. Y Morel et al, en 2006, desarrolló ésta idea sugiriendo que esta Cuarta Ley haría emerger nuevas estructuras disipativas en los sistemas sujetos a evolución. “¿Te acordarás, Onet?”. Otros como Sven Jorgensen, Jeremy England, Gavin Crooks, Alexander Wissner-Gross y Susanne Still están impulsando ésta teoría.

Onet, memorizaba con una precisión impecable debido al desempeño de sus funciones dentro de la cooperativa. Su mnemo-técnica se debía a una curiosa habilidad para transformar los algoritmos de posición en deformaciones semióticas, como ocurre con las soluciones de un cubo de Rubik. Daba igual el mosaico de origen, el destino homogéneo determinaba el camino más corto en tiempo, como si de un atractor lógico se tratara. Toda la descomposición ocurría en el medio. No hay almacenamiento. El medio integra en frecuencias la información de origen, aleatorio, con un destino, uniforme e indiferenciado. Para Onet era una habilidad adquirida. Asociaba patrones y no le hacia falta memorizar, solo procesar la información desde una composición de origen. aniraM era una habilidad que no tenía y le fascinaba que un niño de siete años la hubiera podido adquirir. Esto apuntaba sin duda a un artefacto hereditario –decía aniraM–, un factor de herencia. Otros cuerpos antes que él habían adquirido esta estructura metamecánica y ahora formaba parte de los mecanismos evolutivos de herencia. ¿Cómo se almacena a modo de código en el tejido celular éste factor que no parece responder solo a un criterio de fenotipado? aniraM pensaba que igual era una estructura que solo requería composición y no almacenaje, un mecanismo combinado entre los procesos adscritos a una dialéctica procesual divergente [Metábasis y Anástasis] y convergente [Catábasis y Castástasis].

Onet, junto a aniraM, había tenido la oportunidad de dialogar sobre el alcance o significado de los viajes. A fin de cuentas, Onet, nunca sabía si regresar significaba ir o volver. Recordemos que en el álgebra habitada por Onet y aniraM solo los más pequeños tenían la capacidad de conducir y por lo tanto aniraM solo podía viajar a ninguna parte y Onet siempre tenía la certidumbre de su destino. Unas, pasaban por el tiempo; en otras, el tiempo pasaba por ellas.

El caso es que un día Onet, pasados tres años, no regresó donde aniraM esperaba como una señal en origen o en destino. Se dejó sus calcetines de dedo. La cooperativa tiene que vender el vehículo porque ya no quedan pequeñas personas que puedan conducir. Los calcetines son un complemento, un regalo de la compañía, si queréis verlo así, por si en algún momento volvéis a ser personas pequeñas. Quién sabe.