Nuestro cuerpo está constituido por células humanas y por una gran cantidad de microorganismos a los que denominamos microbiota que iguala o incluso supera en número a las células propias y que contribuye con unas 100 veces más de información genética, lo que da una idea de su importancia para el funcionamiento y la homeostasis de nuestro cuerpo.

La microbiota inicial se obtiene en el parto y es diferente dependiendo del tipo de alumbramiento. En un parto vaginal los individuos obtendrán una microbiota similar a la encontrada en la vagina materna mientras que en un parto por cesárea la microbiota será semejante a la cutánea de la madre o incluso la ambiental. Posteriormente la microbiota se va modificando dependiendo del tipo de alimentación inicial (lactancia materna o fórmula), la exposición a ciertos fármacos como los antibióticos o incluso dependiendo de factores externos como la presencia de hermanos mayores, mascotas, el propio ambiente donde se desarrolle el individuo, la raza, el sexo… aunque se ha observado que la dieta es el factor modulador más relevante.

Una característica muy importante de la microbiota es su capacidad de resiliencia, es decir, su capacidad de permanecer o volver a su estado original tras una perturbación, como por ejemplo la toma de antibióticos, aunque es importante recordar que, si el estímulo es persistente o se repite en un breve espacio de tiempo, los cambios pueden llegar a ser irreversibles.

La contribución de la microbiota en la homeostasis de nuestro cuerpo ha hecho que nos preguntemos sobre su implicación en muchos tipos de enfermedades. De hecho, un creciente cuerpo de estudios ha sugerido la posible correlación entre la comunidad microbiótica intestinal y la aparición de enfermedades crónicas. La disbiosis (desequilibrio en la composición y función de la microbiota) es una característica común en muchos tipos de patologías, como por ejemplo la enfermedad inflamatoria intestinal, la obesidad, diabetes, enfermedad hepática, cáncer, enfermedades psiquiátricas y neurodegenerativas (Parkinson, Alzheimer, Esclerosis Múltiple), etc., aunque en algunas no esté claro si la disbiosis precede a la enfermedad o si la propia enfermedad y tratamiento son los que conducen a la disbiosis.

Además, está bien aceptado que el envejecimiento es el mayor factor de riesgo asociado con una variedad de enfermedades que incluyen cáncer, enfermedades metabólicas y cardíacas. El envejecimiento también se asocia con una pérdida de diversidad microbiana presente en la microbiota intestinal. Se ha observado una disminución de los microorganismos con capacidad antiinflamatoria y beneficiosa, y un aumento en los comensales proinflamatorios, lo que contribuye al estado de inflamación crónica característico de la vejez (“inflammaging”) y acelera la progresión de todas las enfermedades comunes asociadas con la edad. Por lo tanto, mantener la diversidad en la microbiota mediante la modulación del microbioma (microorganismos, sus genes y las condiciones ambientales) o la administración de ciertos microorganismos (probióticos) podría contribuir a frenar la decadencia fisiológica asociada al envejecimiento y constituir un aspecto clave de la salud geriátrica.

El estudio de la microbiota mediante la evaluación de la diversidad bacteriana a través de la secuenciación de los genes del RNA ribosomal 16S (rRNA 16S) ha sido un enfoque ampliamente utilizado, particularmente desde la llegada de las tecnologías de secuenciación de alto rendimiento como la secuenciación a través de nanoporos.

Gen 16s

El estudio de la microbiota y su implicación en ciertas enfermedades podría emplearse para diseñar posibles dianas terapéuticas basadas en la modificación de la misma, por ejemplo mediante la administración de probióticos.

En los estudios en curso por parte de BioCoRe y Silvestrina referentes al impacto de la microbiota sobre la intervención y prevención de la senescencia celular y el envejecimiento en perros domésticos tras la administración de diferentes tratamientos entre los que se incluyen los probióticos (microorganismos vivos destinados a mantener o mejorar la microbiota normal), el uso de la secuenciación del rRNA 16S podría arrojar luz sobre la composición de la microbiota en distintos estadios o grupos de tratamiento.

¿Una actuación a nivel de microbiota intestinal podría ser la clave de una mayor longevidad o la mejora en la calidad de vida?