What if the breath that kindleth those grim fires,
Awaked, should blow them into sevenfold rage,
And plunge us in the flames; or from above
Should intermitted vengeance arm again
His red right hand to plague us?

[¿Y si el aliento que alumbró esos fuegos nefastos,
despertado, los insuflase siete formas de ira,
y nos sumergiese en las llamas; o si desde arriba
armase de nuevo la venganza suspendida
su roja mano diestra para asolarnos?
]

John Milton, Paradise Lost (1667), Libro II, vv. 170-174

Red Right Hand es una de las canciones más conocidas del músico y escritor australiano Nick Cave. Pertenece al disco Let Love In (1994) y, como suele ocurrir con las composiciones de Cave, su contenido es alegórico y difícil de descifrar. En los primeros versos Cave se dirige a quien le escucha, o a un tercero espectral, y le invita a caminar hasta el lugar donde la ciudad pierde su nombre:

Date un pequeño paseo hasta el límite de la ciudad y cruza las vías
donde el viaducto se cierne, como un ave de mal agüero que vira y chasquea,
donde los secretos se quedan en las hogueras de frontera, en los cables zumbeantes.
Hey, tío, ya sabes que nunca volverás.

Nick Cave. Red Right Hand (1994). [Videoclip]. Fuente: YouTube.

En ese lugar desolador, dice Cave, vendrá a nuestro encuentro “…un hombre alto y apuesto / que lleva un abrigo negro polvoriento y con una roja mano diestra”.

Te envolverá en sus brazos, te dirá que has sido un buen chico.
Realumbrará todos los sueños que te llevó una vida entera destruir.
Llegará al fondo del hoyo y sanará tu alma encogida.
Pero no habrá una sola cosa que puedas hacer.
Es un dios, es un hombre, es un fantasma, es un gurú.
Susurran su nombre a través de esta tierra que se extingue,
pero escondida en su abrigo
hay una roja mano diestra.

¿No tienes dinero? Él te consigue algo.
¿No tienes coche? Él te consigue uno.
No tienes autoestima, te sientes como un insecto,
bueno, no te preocupes, colega, porque aquí viene.

Como Cave mismo explicita en Song of Joy, primera canción de Murder Ballads (1996), la expresión “red right hand”, que hemos traducido como “roja mano diestra”, es una cita de Paradise Lost, el poema alegórico de John Milton. En el poema, la expresión se refiere metafóricamente a la venganza divina, pero ¿y en la canción? ¿A un usurero que presta dinero? ¿A una organización criminal que recluta desharrapados? [1] ¿A la pérdida de la cordura que quizá permite seguir viviendo cuando ya no queda esperanza?

La canción es icónica hasta el punto de que da nombre al sitio web The Red Hand Files, a través del cual Cave cruza correspondencia con personas de todo el mundo que siguen su trabajo. En la entrada número 218 de esta peculiar bitácora, publicada en enero de 2023, Cave responde a la siguiente carta, enviada por un tal Mark, de Christchurch (Nueva Zelanda):

Le he pedido a Chat GPT que escriba una canción al estilo de Nick Cave y esto es lo que ha producido. ¿Qué te parece?

En las profundidades de la noche, escucho una llamada,
el eco de una voz, a través del recibidor.
Es la canción de una sirena, que tira de mí,
me lleva a un lugar, donde no puedo comenzar.

(Estribillo)
Soy el pecador, soy el santo,
soy la oscuridad, soy la luz,
soy el cazador, soy la presa,
soy el demonio, soy el salvador.

Camino por las calles, con mi cabeza en alto.
Tengo mis demonios, pero los hago volar.
Bailo con el diablo, y juego su partida.
Seré aquél que lo llame por su nombre.

(Estribillo)

Tengo mis manos manchadas de la sangre de los ángeles.
Tengo el fuego del infierno en mis ojos.
Soy el rey del abismo, soy el señor de la oscuridad.
Soy aquél que temen, desde las sombras me escuchan.

(Estribillo)

Así que ven conmigo al límite de la noche,
donde se chocan la oscuridad y la luz.
Caminaremos por el filo entre el bien y el mal
y veremos quién sale vencedor al final.

Nick Cave en directo, cantando Red Right Hand. Viñeta del cómic biográfico sobre Cave, Mercy on Me, realizado por por Reinhart Kleist.

La respuesta de Cave no tiene desperdicio, y bien merece que le dediquemos, como estamos haciendo, una bitácora:

Estimado Mark:

Desde su aparición en noviembre del año pasado mucha gente, la mayor parte embriagada con una especie de sobrecogimiento algorítmico, me ha enviado canciones “al estilo de Nick Cave” creadas por Chat GPT. Ha habido docenas de ellas. Huelga decir que no siento el mismo entusiasmo por esta tecnología. Entiendo que Chat GPT está en su infancia, pero quizás ese es el horror emergente de la IA, que se quedará para siempre en su infancia, ya que siempre podrá ir más lejos, y la dirección es siempre hacia adelante, siempre más rápido. No puede retrotraerse, o ralentizarse, mientras avanza hacia, quizás, un futuro utópico, o nuestra total destrucción. ¿Quién puede decirlo? A juzgar por esta canción “al estilo de Nick Cave”, Mark, no tiene buena pinta. El apocalipsis está claramente en camino. Esta canción apesta [sucks] [2].

Chat GPT, en este ejemplo, es repetición como farsa. Chat GPT puede ser capaz de escribir un discurso o un ensayo o un sermón o un obituario pero no puede crear una canción genuina. Con el tiempo quizá podría crear una canción que sea, superficialmente, indistinguible de la original, pero siempre será una replicación, una especie de parodia.

Las canciones surgen del sufrimiento, y quiero decir con esto que se predican a partir de la compleja lucha interna del ser humano por crear. Y, bueno, hasta donde yo sé los algoritmos no sienten. Los datos no sufren. Chat GPT no tiene un ser interno, no ha estado en ningún sitio, no ha pasado por nada, no ha tenido la audacia de sobrepasar sus límites, y por tanto no tiene la capacidad de vivir una experiencia trascendente compartida, porque no tiene limitaciones que trascender. El rol melancólico de Chat GPT es que está destinada a imitar, y nunca puede tener, una experiencia humana auténtica, sin importar cómo de devaluada e intrascendente se pueda volver la experiencia humana con el tiempo.

Lo que hace que una gran canción lo sea no es su parecido con una obra ya reconocida. Escribir una canción no es mímica, o replicación, o pastiche, sino todo lo contrario. Es un acto de auto-asesinato que destruye todo lo que uno ha pugnado por crear en el pasado. Son esas desviaciones peligrosas, que paran el corazón, las que catapultan al artista más allá de los límites de lo que reconoce como su yo conocido. Esto es parte de la auténtica lucha creativa que precede a la invención de una composición única con verdadero valor; es la confrontación sin aliento con la propia vulnerabilidad, con la propia peligrosidad, con la propia pequeñez, deshuesado frente a una sensación de descubrimiento repentino y desconcertante; es el acto artístico redentor el que agita el corazón de quien escucha, donde quien escucha reconoce en las entrañas de la canción su propia sangre, su propia lucha, su propio sufrimiento. Esto es lo que nosotros, humildes humanos, podemos ofrecer, y que la IA solo puede imitar, el viaje trascendente del artista que por siempre forcejea con sus propias fallas. Aquí reside el genio humano, profundamente engarzado en esas limitaciones, al mismo tiempo que alcanza más allá de ellas.

Puede sonar a que me tomo todo esto muy a pecho, pero soy un compositor que se encuentra, en este mismo momento, en el proceso de componer. Es un asunto de sangre y tripas, aquí en mi escritorio, que requiere que algo en mí genere una idea nueva y fresca. Requiere mi humanidad. No sé qué es esta nueva idea, pero está ahí fuera en algún sitio, buscándome. Con el tiempo nos encontraremos.

Mark, gracias por la canción, pero con todo el amor y respecto del mundo, esta canción es una basura [bullshit], una burla grotesca de lo que significa ser humano, y, bueno, no me gusta mucho… aunque, ¡espera!, releyéndola, hay un verso que me interpela: “Tengo el fuego del infierno en mis ojos”, dice la canción “al estilo de Nick Cave”, y eso de algún modo es verdad. Tengo el fuego del infierno en mis ojos; y es Chat GPT.

Con amor, Nick.

Viñeta de Mercy on me, de Reinhart Kleist, que traduce a arte secuencial la canción de Cave.

En primera instancia, parece que a juicio de Cave quienes dedican su vida al arte no tienen que preocuparse por que la Inteligencia Artificial prive sus vidas de sentido, porque las obras de arte artificialmente generadas no serán nunca estéticamente comparables a las que resultan del trabajo creativo humano, sino puro pastiche, repetición, farsa, mímica, burla… Como si el pastiche, la repetición, la farsa, la mímica, o la burla no fuesen modos de ser del arte. Como si no fuesen, incluso, la forma primigenia de producción artística, porque en la adquisición de competencias artísticas uno copia creando, o crea copiando. Como si no fuese, al mismo tiempo, prácticamente una suerte de constante en la historia del arte que cada movimiento artístico caiga en declive cuando se universaliza su canon hasta tal punto que solo hay reiteración amanerada de lo ya visto [3].

Por otra parte, sin embargo, Nick Cave reconoce que puede llegar el momento en el que no sea “superficialmente” distinguible la obra de una IA de la creación artística de un ser humano. Pero, ¿cómo es esto posible si, efectivamente, la IA no tiene acceso a la experiencia humana “viva”, presente, sino solo al producto “muerto” de la experiencia humana pretérita? Si, como afirma Cave, la lucha creativa inherente a todo proceso artístico humano es decisiva de cara a la conformación de la obra, ¿cómo no puede quedar nada de esa lucha depositado en su resultado? Y, si queda algo, ¿cómo puede perderse, de repente, en el momento en el que la obra artística pasa a formar parte de los datos de entrenamiento de una red neuronal, y de los recursos disponibles para generar, estocásticamente, obras nuevas?

En otras palabras, si Nick Cave está en lo cierto y en la lucha creativa reside la esencia de la obra artística, entonces esa esencia debe quedar de algún modo depositada en la obra, y si ha quedado depositada entonces es potencialmente recuperable por una Inteligencia Artificial. Pero, a la inversa, si el sedimento de esa lucha no queda depositado en ningún lugar, entonces no es accesible para nadie, y por tanto no forma parte de la obra de arte, y su replicabilidad artificial no es un requisito para que podamos llamar “arte” a la obra creativa de una máquina.

Dada esta contradicción, quizá sea más provechoso pensar que Chat GPT no es el fuego del infierno en los ojos de Nick Cave sino nuestra roja mano diestra. Una mano propia y ajena, individual y colectiva, amiga y opresora, puño de hierro y guante de seda. Una mano que, con el mismo gesto, muestra el paraíso perdido que hemos dejado atrás e invita a repensar, para no perderlos por siempre, qué es el arte y qué es la vida [4].

Notas

[1] Seguramente esta sea la interpretación que justifica la elección de la canción de Cave como tema musical principal de la serie de ficción histórica de la BBC Peaky Blinders.

[2] Por si sirve como criterio objetivo para medir la calidad relativa de ambas, traducir la letra de Cave ha sido mucho más difícil que traducir la letra de Chat GPT “al estilo de Nick Cave”. Donde la primera discurre entre ambigüedades semánticas, juega con registros lingüísticos diferentes, introduce metáforas imprevisibles, la segunda es pura univocidad de sentido, metáfora manida, registro uniforme.

[3] “El genio es la originalidad modélica del don natural de un sujeto en el uso libre de sus capacidades cognoscitivas. De este modo, el producto de un genio (en aquello que en tal producto hay que atribuir al genio, no al posible aprendizaje o a la escuela) no es ejemplo para la imitación (pues entonces se perdería aquello que, a este respecto, es genio y constituye el espíritu de la obra), sino para la sucesión por parte de otro genio, al cual, gracias al producto del genio precedente, se le despierta el sentimiento de su propia originalidad para ejercitar la libertad frente a la coerción de las reglas en el arte, de modo tal que este, gracias a lo mismo recibe una nueva regla, de suerte que el talento se muestra como modélico. Pero dado que el genio es un favorito de la naturaleza que aparecer raras veces, su ejemplo para otras buenas cabezas da lugar a una escuela, esto es, a una instrucción metódica según reglas, en la medida en que quepa extraerlas a partir de aquellos productos del espíritu y de su peculiaridad; y en esta medida el arte bello para estos es imitación a la que la naturaleza da la regla por medio de un genio.
Pero esta imitación degenera en imitación repetitiva, la propia de los monos, cuando el discípulo copia todo, hasta aquello que el genio había tolerado como monstruoso solo porque no podía suprimirlo sin debilitar la idea. En un genio, tener valor para arriesgarse a ello es solo ganancia, pues le conviene cierta osadía en la expresión y, en general, cierta desviación frente a las reglas comunes, lo cual en modo alguno es digno de imitarse, sino que sigue siendo en sí un error que debe evitarse, pero para el que el genio, por así decirlo, tiene el privilegio, puesto que lo inimitable del empuje de su espíritu sufriría con medrosas cautelas. El amaneramiento es otra especie de imitación meramente repetitiva, a saber, de la mera peculiaridad (originalidad) en general, pues el amanerado quiere alejarse de los imitadores tanto como sea posible, pero no posee el talento para ser al mismo tiempo modélico” (Immanuel Kant, Crítica del discernimiento, Antonio Machado: Madrid, 2003, Ak. V 318).

[4] Durante la preparación de esta bitácora ha aparecido una entrevista con Nick Cave en The Newyorker. El grueso de la entrevista en realidad se centra en los últimos trabajos de Cave, que giran en torno al duelo y la pérdida, y a la relación entre arte y religión como formas complementarias, o emparentadas, de habitar ese aspecto de la experiencia humana. Al hilo de ello, se menciona The Red Hand Files y la epístola de Cave sobre Chat GPT. Es inevitable rescatar las palabras de Cave al respecto, en las que se hace todavía más explícito el carácter paradójico, contradictorio, problemático, de su posición:

Mi objeción no se dirige contra la IA en general. Para bien o para mal, estamos inextricablemente inmersos en la IA. Es más bien un sentimiento de tristeza o decepción por el hecho de que hay por ahí gente inteligente que de hecho cree que el acto artístico es tan mundano que puede ser replicado por una máquina. Lo encuentro insultante. No hay razón terrenal [earthly] por la que necesitemos inventar una tecnología que pueda imitar el más bello y misterioso acto creativo. Particularmente escribir una canción. La clave de escribir una buena canción es que te dice algo acerca de ti mismo que no sabías de antemano. Esa es la cosa. No puedes imitar eso. La buena canción siempre se abalanza. Aniquila, en algún grado, las canciones que has escrito previamente, porque avanzas todo el tiempo. Eso es el impulso creativo; es tanto creativo como destructivo y siempre va un paso por delante de ti. Estos impulsos no pueden ser replicados por una máquina. Tal vez la IA puede hacer una canción que sea indistinguible de lo que hago. Puede incluso hacer una canción mejor. Pero, para mí, eso no importa; el arte no es eso. El arte tiene que ver con nuestras limitaciones, nuestras fragilidades, nuestros defectos como seres humanos. Es la distancia que podemos alejarnos de nuestras propias fragilidades. Eso es lo que resulta asombroso del arte: que somos criaturas profundamente defectuosas que a veces pueden hacer cosas extraordinarias. La IA no implica nada de eso. En última instancia, no tiene ninguna limitación, así que no puede habitar la experiencia artística verdaderamente trascendente. ¡No tiene nada que trascender! Da la sensación de ser una burla de lo que significa ser humano. La IA bien podría salvar el mundo, pero no puede salvar nuestras almas. Para eso es para lo que está el verdadero arte. Esa es la diferencia. Así que, no sé, en mi humilde opinión Chat GPT se puede ir a la mierda [fuck off] y dejar a la composición de canciones en paz.

En esta respuesta, Cave describe la creación artística en términos muy parecidos a los que aplica a la Inteligencia Artificial, como potencia infantil que siempre avanza y siempre a mayor velocidad. En otras palabras, Cave está viendo en la Inteligencia Artificial una forma perfecta de arte cuyo defecto sería, precisamente, su propia perfección, es decir, su superación de todo límite. La posición de Cave es, por ese motivo, doblemente cuestionable. Donde él liga la condición humana a la carencia y el límite, cabe afirmar la potencia prometeica, plena y expansiva, de lo humano. Y donde él ve en la Inteligencia Artificial un portento ajeno a la mano humana, que la sujeta y la aliena, cabe entender que se trata de un producto, un extensor, de las manos mismas, que puede integrarlas y darles una nueva proyección.