Estimado Dr. Liendres:
Es posible que confundamos señales con síntomas. En realidad nos enfrentamos a un problema de escala. Me explico: lo curioso del caso es que, en la restitución de nicho, pasado un ciclo sin aportación del pesticida, la respuesta haya fijado al órgano como patógeno, es decir, se haya señalado al orgánulo, al árbol, al mandarino, y particularmente a los vasos y conductos capilares destinados a la distribución de salvia, como el elemento a restituir sobre el balance de ordenación termodinámica. Considero que la respuesta obedece al gradiente de diversidad una vez se ha dejado de limitar a las rutas metabólicas que han estabilizado, durante entre dos y tres décadas, el órgano en el medio tóxico – ordinario. No entiendo que haya que determinar la respuesta o biorremediación del propio medio como un patógeno; solo se está estabilizando un estadio limitado hasta la fecha por un factor de ordenación o catálisis entre piedra, ceniza [que en exceso es tragedia], fertilizante canalla, pesticida suicida y alteración de forma con función, translocación entre árbol y matorral o arbusto, formando un cóctel perfecto para ciertas derivas sin pizca de atributos sobrenaturales, y siempre natural en su respuesta ulterior.

El problema al que nos enfrentamos en base al origen de la reflexión, querido doctor, pasa por determinar si ordenar es un contrapeso de un desorden y, como consecuencia de esto, mantener significa preservar una capacidad para balancear cualquier estado entre estas dos posiciones. Digamos que hace cuatro mil años la esperanza de vida media no llegaba a los 30 años. El factor de ordenación sobre la materia consiguió unos siglos más tarde (en épocas clásicas) alcanzar esperanzas de vida de 80 años sin los recursos propios de la modernidad, pero determinando un factor inter-especie; no solo la acción mínima, sino la acción necesaria y suficiente. Acción que los nichos calculaban de forma distribuida, y que determinó cierta racionalidad de los factores evolutivos para limitar a cada orgánulo a su nicho. Solo uno, el humano, ha podido definir un nuevo registro espacio-temporal adaptando su relación con el medio en el que habita. Esto no es menor frente a la clausura vital de los organismos, pues determina un factor de decidibilidad centralizada frente a las cláusulas descentralizadas del resto de reinos o principados.
Salto y grado son dos apéndices de las categorías en la teoría de la evolución, tanto abiogénica como biogénica (una ulterior a otra). Creo que se puede añadir a lo que usted clasifica como intervención mínima [agua, sustrato, colección y recolección, más el etcétera que se limite a la acción mínima del material, la gestión y el nicho] nuestras técnicas sustantivas, aquellas que construye un ánima natural inter-específico como el animal: aceites, geles, ceras, costras o costuras, como un mínimo común múltiplo y un máximo común divisor, hasta desestabilizar una función que hemos encontrado con sus parámetros, en ausencia de ceros absolutos. [No plantamos nosotros, el árbol ya estaba ahí con toda su carga atributiva].
Es un tema fascinante. Compartiendo las señales mostradas en las notas y las observaciones planteadas, bajo nuestro ejercicio y condición experimental, sugiero que habría que intentar remediar, determinar un marco de ordenación que permita salvar al orgánulo actual, el sido, el ahora, siendo consciente de que la lectura generacional de un vegetal supera en mucho la extensión vital de nuestro concentrado neural. La salida frente al marco mínimo es destinar al órgano a las condiciones de su racionalidad pasada: a Eulalia, a Marcial, a esos otros que han racionalizado el medio para que un órgano pierda la vida después de setenta años, solo porque no se puede distribuir la respuesta, porque el medio no cuenta con sistema inmunitario propio, ajeno a los organismos que lo habitan… se estabiliza en el metabolismo de los organismos la respuesta uniformada de todo el desequilibrio sistémico. Creo que una parametrización combinada es compatible dentro del registro evolutivo; combinar el gradiente adaptativo con el salto debería someterse, al menos, a ensayo, si así lo considerase en gracia.
Hermosa reflexión, sin duda. Gracias por la mirada sustantiva, doctor. Es fascinante. Espero que nos haga inmortales, o, por contra, que la inmortalidad no nos inquiete o interese, dado el viaje que nos ofrece la vida.
Durante mas de dos décadas este entorno ha tenido que tratar con la represión parásita y con un maltrato químico, físico y moral. Este tangerine es dependiente de los tratamientos que por temporadas le proporcionaban, estabilizando el estado de sus defensas innatas en los índices más bajos, causando un auténtico síndrome de abstinencia una vez retirada la ponzoña, el tóxico, los venenos y los pesticidas.
Condenado a ser débil, por ser órgano digestor, es posible que no sobreviva. Los otros, los que se quedan, llegarán tarde: suelo, sustrato, micorriza, irán procesando la información y desarrollando remedios para ordenar el medio con cada ciclo, con cada lluvia, llegando al final con otro ritmo, en un tiempo distinto al de la muerte de un mandarino.
Maltrato físico sufren los árboles debido a la mala poda, troncos con sub o sobre-desarrollo. Y sufre la tierra por estar descubierta, sin vegetación en superficie, que hace que la gota de lluvia, destinada a hidratar, actúe como martillo o maza, compactando superficies sin dejar que se conserve la humedad, enfrentando la cinemática a la bioquímica del agua.
Y aquí el remate, querido profesor, el maltrato moral, destronado, apartado de sus enseñanzas, destinado a los despojados, síntesis de los materiales y métodos durante el desempeño funcional de la razón. Cuando alguien atiende solo a la rentabilidad prepara al entorno a su propio juicio, a su estado anímico, a su capacidad sentida, afinando su condición en el entorno por medio de las figuras adscritas a la dialéctica: cuánto hay de capital en usted, sin descuidar cuánto de usted hay en el capital. ¿Cómo se traduce la ruina a sus sentidos, muy señor mio? ¿Cuánto se traduce de la riqueza a su estructura enzimática, a su proteoma? ¿Cómo se hereda esta condición? ¿Cómo el suelo recoge su moral y los tallos de la planta su ética? Ya sabemos como recoge la razón las sustancias por medio de la materialidad política, pero no sabemos reconocer la política de las plantas.
Hermoso propósito el de abordar las funciones que nos permiten determinar la dialéctica natural, una episteme sin necesidad de razón, como utillaje lógico. Frente a nuestra lógica y nuestra dialéctica, aquella determina la decidibilidad de los orgánulos procesuales distribuidos en un medio y resuelve las contradicciones que la tradición señala como paradojas, antinomias o antilogías, sin llegar a desarrollar una exposición propia y sistemática de estas figuras. Enfrentados a la condición contradictoria del fenómeno natural, desarrollamos una lógica paraconsistente cuyo proceder en nada se parece a la dialéctica de la naturaleza. Dialéctica que, por otra parte, carece de reverso calculable en nuestro propio marco lógico.
La escuela de Materialismo Filosófico deja algunas señales para taxonomizar o clasificar estas figuras y calificar si son propias para aplicarlas en un anverso y/o reverso proposicional, en base a la colocación o posición de los objetos y/o sujetos que se relacionan, que en nuestro caso se construye suponiendo una abstracción sin condición cognoscible para sus operadores. No es el procedimiento de un sujeto operatorio el que deduce las condiciones proposicionales; la condición de decidibilidad o calificación de las demostraciones responde a una relación entre elementos en ausencia de mediadores neurocognitivos, no como se presenta en la condición animal. En ausencia de neuronas, doctor, no hay nada que estudiar dentro de la disciplina neurobiológica. ¿Es necesario un estado cognoscitivo para nuestro propósito?
El apósito, digamos apartado, de la neurobiologia vegetal, habitualmente recurre a un ejercicio comparado en busca de aquellos elementos análogos entre organismos vegetales y animales. Para el caso que nos ocupa el señuelo es intentar localizar las funciones neuronales y distinguir lo que vendría a ser el aparato nervioso en el reino vegetal. Realizado el esfuerzo, la idea ha sido encontrar la función con independencia de localizar una forma, es decir: aunque las plantas no tengan estructuras similares a dendritas y axones como presentan las neuronas, buscar aquellas funciones que se encuentran en la planta para compararlas con acciones similares a estas estructuras propias de un sistema nervioso. Parece que la Sociedad para la neurobiología vegetal pasó a ser la Sociedad para la señalización y conducta vegetal, imaginamos que por una cadena de acontecimientos críticos que la denominación original no pudo resistir. Parece que han replegado a las esferas de la psicología, rezagados o alejándose de los edificios de las ciencias basales.
Asemejar catálogos subjetivos por evitar el quehacer de una forma dialéctica en el campo de la naturaleza material, con o sin conciencia y con independencia de los orgánulos y estructuras destinadas a la formación de tejidos cognoscitivo, presenta inconvenientes, doctor. El primero y más pronunciado es la posible consecución por causalidad de la proposición sobre los argumento de fuerza, asimilando sistemas con un mismo gradiente de complejidad, es decir, atribuir a las plantas los mismos atributos de sistematicidad y equipararlos al momento de decidibilidad de otros organismos frente a las circunstancias de un entorno, asimilando una transmisión de señales eléctricas y químicas de una parte a otra de un cuerpo, como sucede en el caso del sistema nervioso, sin prestar atención a las propiedades de la señal: onda, modulación o carga. Estos elementos determinan el comportamiento último de la biofísica del modelo y los módulos resultantes como la velocidad de reacción de un organismo frente a un estímulo, por ejemplo. Localice la velocidad y descubrirá si todos los sistemas presentan un utillaje mecánico, cinemático o biodinámico similar, es decir, van en un vehículo de tracción o traslación, con independencia de que uno sea un coche, otro un camión, avión o ciclo con o sin motor. El medio presenta como órgano digestor a un mandarino, resuelve el conflicto, el desequilibrio o mantiene el principio de conservación a través de un apéndice, de un módulo. Seria práctica para un relato de ciencia-ficción considerar un medio nervioso donde el metabolismo se desarrolla en los órganos digestores de su entorno o nicho, incluidos los cuerpos, tejidos u órganos animales; sería mucho más alucinante determinar que el medio nervioso es consecuencia y no causa de las relaciones entre géneros de materialidad. Tanto dendritas como axones quizás sean producto y síntesis de la función y no su origen.

En cualquier caso, doctor, es un problema recurrente el que se presenta en las etapas de diseño experimental y la construcción de las hipótesis con relación a los grupos de control, un fenómeno que no es ajeno al caso particular que nos ocupa. Si quiero comparar puertas o ventanas y mi grupo control es una puerta con cerrojo, opaca [no me permite ver el otro espacio que separa], de madera, pintada del mismo color y humana en escala, me aleja de detallar un grupo control sobre otra puerta, en este caso metálica, translúcida, sin cerrojo y con cada barrote pintada de un color. Las dos son separadores de instancias y el grupo control se reduce a esa condición. Existe, como ocurre con la paradoja de Galileo, una condición procesual que determina un clasificador como control, sin sacarlo de su condición de conjunto cuando se incrementa el n muestra. Y aunque este razonamiento no es motor argumental de este comunicado, la amplificación de la errata o el dislate que se produce en los ensayos biogénicos para delimitar el contraste entre un grupo control y los grupos sujetos a tratamiento es permanente e incisivo. Solo pondré un ejemplo que sirva de orientación a la narrativa que le quiero transmitir, doctor.
Cuando contamos con un grupo de animales, pongamos que son ratones, el grupo control se limita a aquellos que no tienen tratamiento, dado que el resto de variables son conservadas para todos ellos. Todos son ratones, es decir, ninguno deja de serlo por ausencia o presencia de tratamiento. Cuando obtenemos los resultados, las salidas determinan una condición de control frente a otros tratamientos posteriores. Por el hecho de ser ratones todos tienen atributos del grupo control y para etapas ulteriores del ensayo serán todos ellos ratones control, pero ya no lo serán por ser ratones, sino por la información que se ha obtenido de las salidas, es decir, por un factor de ordenación que se ha establecido o fijado por medio de un proceso de abstracción.
Supongamos, por ejemplo, que en una primera fase de ensayo solo queremos observar el comportamiento de unos neutrófilos por suministro de dos probióticos distintos. Fijamos grupo control en ausencia de tratamiento y los dos grupos de tratamiento, secuenciamos célula a célula, analizamos y clasificamos los resultados por agrupamientos. En una segunda fase queremos, bajo las mismas condiciones, inocular un tumor sólido para medir las propiedades de los neutrófilos en variación y diferenciar sobre los marcadores y clasificadores que han sido ordenados en el primer ensayo. Como ocurre en el desenlace de la evolución, el primer elemento supone un control sobre la segunda fase de ejecución o generación.
Querido doctor, nosotros nos centramos en la composición proposicional que debería ordenar un organismo en relación a un establecimiento o marco lógico operacional sobre el conjunto de elementos que le permiten tomar una decisión. Primero medir, calcular, modular, sintetizar, decidir sobre un conjunto de variables con independencia de que el sistema recoja las mismas propiedades que otras ya clasificadas, atribuidas o reconocidas en organismos con presencia o ausencia de sistema nervioso, con o sin los armonios o las partes diferenciada para el procesamiento de la información y los canales de trasmisión operacionales y/u orgánulos destinados a una función operacional. Con posterioridad, determinar los componentes, la herrajería implicada, con o sin visibilidad del organillo, instrumento percutivo. – Oír la música, sin ver a la orquesta. Y, ahora sí, me puede usted acusar de materialista dialéctico, doctor.
Considero que en los suburbios de las tesis puede levantarse un barrio que conviva al menos con las mismas incertidumbres que los qualia, aquellas cualidades subjetivas de las experiencias individuales, calidad subjetiva de nuestras experiencias internas: el característico aroma de la higuera, la tenaza paralizante del miedo, la quemazón de un arañazo, o el timbre de un clarinete o de una flauta travesera. ¿La planta es consciente de sus estímulos o no? ¿Cómo medirlo? El caso es que es habitual que se recurra a qualia cuando nos preguntamos por la consciencia de plantas o computadoras. Cierto paisanaje científico determina que es una cualidad propia de una mente. Su presencia determina un estado mental aunque no todos los estados mentales son conscientes o conllevan una sensación. Los qualia determinan conciencia; un tema calurosamente debatido en la denominada filosofía de la mente contemporánea… principalmente porque son vistos como una refutación de facto del materialismo reduccionista. – Doctor, cuánto jugo ofrece la fruta sin frutal de las corrientes idealistas o, dicho desde un posible o potencial materialismo recogido en Kant, de un idealismo sin transcendencia.
Nuestro barrio suburbial pertenece a un género de materialidad reducible en dimensión, como cualquier género de materialidad; puede presentar cocina aunque no tenga casa, puede contener agua en ausencia de grifos o pueden desempeñarse funciones higiénicas en ausencia de baños. Todas las funciones responden a un género de materialidad que se puede discretizar en unidades reducibles en una línea evolutiva temporal, han sido pasado y se reducen a valores discretos que han pertenecido a ese pasado. Porque, aun suponiendo que un color se presente ante mi con una cualidad diferencia, propia y distinta a otro sujeto, ¿qué lo reduce a la condición de azul o rojo para todos los demás? [evitamos daltonismos]. Mejor: ¿a qué me reduzco yo para determinar el color frente a otro ser? ¿Puede venir algo del futuro? Grigory Perelman decidió vivir con su madre y hermana en un modesto piso de San Petersburgo. En palabras de una prensa preñada de orden social constituido: “un lugar aparentemente lleno de cucarachas y ratas. Es decir, en unas condiciones meridianamente opuestas a lo que se esperaría de un genio.” Les falto añadir: – ¡Pero cómo ha sido capaz de reducirse a esa condición! Es un marciano, el género de materialidad no es reductible. ¡Reduccionista!
Hay una literatura científica que parece discurrir sobre las condiciones materiales de la evolución buscando un momento en el que el expediente natural de la material se vuelve sobrenatural, trasladando la condición de origen de las posiciones metafísicas al destino, al punto donde lo sobrenatural emerge del transcurso de la materia. Pero ya nos lo anunciaba el profesor de filosofía de la Universidad de Nueva York, Thomas Nagel, al sugerir que los métodos objetivos de la ciencia reduccionista nunca van a ser suficientes ni aptos para explicar el aspecto subjetivo de la mente. No sabemos por qué el destino de la evolución tenga que tener un alcance más allá de lo objetivamente natural, ya sea por construcción o por predefinición. – Doctor, ¿no será usted el profesor Nagel, verdad? Igual el problema reside en la clasificación de las dimensiones de la materia dentro de los catálogos gnoseológicos y/u ontológicos. La consciencia es un producto emergente de los géneros de materialidad. ¿Cuáles son las puertas lógicas actuantes, propias o importadas, endógenas o exógenas, que intervienen en la decidibilidad de aquello que no presenta sistema nervioso? Tendríamos que señalar al separador que distinguiera la contribución de una planta en la emergencia de la consciencia como resultado de la evolución [llamémosla ontología general], de la posible calificación de una consciencia emergente propia de la evolución de la planta [llamémosla ontología particular].
¿Cómo decide, calcula, toma decisiones una planta? Para este cepellón de obligada rigidez y obligada tolerancia a la dilatación, se deberán estudiar las figuras de la lógica formal para ver si tienen dilataciones hacia las figuras de la dialéctica en los sistemas de información de los cuerpos o estados biogénicos; es decir, deberemos prestar atención a las formaciones lógicas que tienen que ver con el movimiento, con la transmutación, la transformación, el cambio, todas ellas adscritas al término de la dialéctica procesual. Como señalamos con anterioridad, y a modo de orientación, dado que no existe caracterización de consenso sobre el sistema de clasificación para las formas de la dialéctica procesual, usaremos la propuesta del materialismo filosófico sin entrar en la discusión sobre su posible reducibilidad a formas más simples o compactas. Atenderemos a sus descriptores sin entrar a discutir su régimen de aplicación. Pero eso lo dejaremos para otro momento, Doctor.
Me despido, agradeciendo que me haya reportado su caso y esperando que mis notas y observaciones se acompasen con su latido.
Sin otro particular, reciba un cordial y afectuoso saludo.
Atentamente,
Dr. Liendres.