
Lo que hoy clasificamos como Ciencia constituye un amplio espectro de ramas del conocimiento que, tras muchos estudios, análisis y ensayos, nos siguen proporcionando nuevos y sorprendentes saberes. Hay un periodo de la historia, concretamente entre finales del siglo XIX y principios del XX, en el que varios descubrimientos lograron captar el interés de buena parte de la sociedad, al modificar la percepción de determinados fenómenos físicos y su repercusión sobre la vida. Dentro de estos hallazgos se encontraban las ondas eletromagnéticas (1886), los rayos X (1895) o la teoría de la radioactividad (1905). Otro muy destacado fue la verificación de la existencia de unas partículas subatómicas que se denominaron electrones (1897), que provocó que el átomo dejase de ser la mínima unidad que compone la materia.

Es comprensible que ahora mismo os estéis preguntando por qué este listado de hallazgos científicos tan conocidos y estudiados. ¿Qué más se puede contar sobre ellos que no sea conocido ya por todas? Pues bien, la razón de traerlos de nuevo al presente es que nos parecen útiles para contextualizar el momento de cambio en el que nos queremos sumergir. Nos sirven para intentar proyectarnos en la sociedad de la época. Para ponernos en el lugar de la gente que participó en círculos intelectuales y permaneció atenta a todos los avances que aparecieron revelados en periódicos y publicaciones científicas. Más concretamente, los recuperamos porque nos interesa descifrar lo que debió provocar en sus coetáneas inmersas en la creación cultural, en especial en las que se dedicaban a la creación pictórica. Estos avances hicieron que un mundo supuestamente ajeno a la ciencia como es el del arte, que en esos días estaba dominado por el realismo y el impresionismo, modificase su tendencia dando paso a una abstracción que hoy en día nos sigue fascinando e inquietando a partes iguales.
Vamos a jugar a un juego, imaginad que sois una artista que trabaja principalmente el retrato y el paisaje y que estáis de paseo por una calle del Estocolmo de 1906. De repente, conocedoras de todos estos avances científicos, se os viene a la mente una pregunta en forma de desafío, en forma de reto, una pregunta del estilo: “¿cómo representarías gráficamente uno de estos fenómenos?”.

No sabemos si sucedió así exactamente, pero sí que conocemos a la artista. Se llamaba Hilma af Klint y dejó escritos 124 cuadernos con más de 26.000 páginas manuscritas y mecanografiadas [1] con las que podemos, hoy en día, entender mejor parte de su obra. En uno de ellos escribió: “en este momento tengo conocimiento de que, en la realidad viviente, soy un átomo en el universo que tiene acceso a infinitas posibilidades de desarrollo. Estas posibilidades quiero, gradualmente, revelarlas” [2]. Y tras estas declaraciones empezó a producir obras y más obras en un estilo pictórico que hasta el momento no se había visto jamás. Un arte lleno de curvas, espirales y formas geométricas; un arte lleno de color y simbolismo; un arte creado a partir de formas orgánicas; un arte que, como apuntó alguno de sus coetáneos con los que compartió espacios, la sociedad no estaba dispuesta a comprender y aceptar.

La producción del que fue su gran legado, íntimamente relacionada con la ciencia y, por qué no nombrarlo, con el misticismo y la espiritualidad reinante, se llamó Las pinturas para el templo [3] y llegó a comprender 193 pinturas de diversas propiedades y tamaños. Estas pinturas estaban divididas en distintas series temáticas.
La que dio inicio a todo este proyecto fue la serie Caos primordial realizada entre los años 1906 y 1907. En ella se aprecian principalmente dos colores primarios, el azul representando lo femenino y el amarillo representando lo masculino [4], y el resultado de su combinación. Se ven ondas longitudinales que nos recuerdan al muelle helicoidal y que parecen estar transportando energía, también ciertas formas que nos recuerdan a organismos vivos y criaturas. Estas obras son las primeras documentadas hasta la fecha dentro de lo que conocemos como arte abstracto y no fueron descubiertas hasta 1986, momento en el cual a la historia del arte se le planteó el reto de reescribir alguna de sus páginas.
A esta serie le seguirá Los diez más grandes, producida en 1907. Consta de 10 obras de gran formato (328 x 240 cm [5] cada una de ellas) que representan las cuatro etapas del desarrollo humano: niñez, juventud, adultez y vejez. En estas obras hay claras referencias a elementos de las ciencias botánicas, queriendo transmitir con ello la conexión que existe entre los seres vivos y la naturaleza. Son obras que impactan no solo por su tamaño sino también por su explosión de color, representando uno en particular cada etapa del desarrollo, definiéndola y diferenciándola del resto (el naranja en la juventud o el morado en la adultez).

La obra de esta precursora de la pintura abstracta es inmensa, y describir aquí una por una todas las series artísticas que realizó podría desviarnos de nuestro objetivo. Pero no renunciamos por ello a resaltar algunas en las que se intuye nítidamente la conexión de la que venimos hablando, como son Árbol del conocimiento (1913-1915), El cisne (1914-1915) y Átomo (1917).
En el documental Beyond the Visible – Hilma af Klint de Halina Dyrschka [6], estrenado en 2019, llegan a comparar a Hilma af Klint con Leonardo Da Vinci, por el modo igualmente intenso en el que ambos expresaron el vínculo entre ciencia y arte en sus respectivas obras. La definen como una científica en el ámbito de la imagen, porque trató de disolver los límites de lo que se entiende por realidad [7]. Os animamos a ver este documental sobre esta mujer que ha permanecido en el olvido hasta hace apenas unas décadas y en el que podréis disfrutar de muchas de sus obras.

En lo que respecta a la ocultación deliberada y el olvido de la existencia de esta artista y de su obra, lo cierto es que está suficientemente documentada a través de su epistolario con algunos personajes de renombre contemporáneos a ella. En particular, un dirigente de la Sociedad de Teosofía [8] en Alemania, creencia a la que se acogía la artista, le sugirió ocultar su obra porque su forma de pintar era inapropiada para la época. Esto provocaría que la aceptación de la misma por el público general no se materializase hasta pasados 50 años. La propia artista, seguramente influenciada por este tipo de sugerencias, decidió dejar entre sus papeles una nota relativa a lo que debía hacerse con su obra una vez ella no estuviese y que decía: “Las obras que solo pueden abrirse 20 años después de mi muerte están marcadas con el signo que figura más arriba” (este símbolo era un rectángulo con una + y una x en su interior) [9].
Ejemplos de producción cultural asociada a la ciencia como la desarrollada por Hilma af Klint hay muchos y muy variados en el mundo de la cultura. Por destacar uno, a nosotras nos gusta el de Mary Shelley y su novela Frankenstein o el moderno Prometeo publicada en 1818 y cuyo planteamiento manifiesta una clara relación con las nuevas teorías que estaban apareciendo en torno al galvanismo. En Labografías nos atrevemos a coger el testigo de personajes como Leonardo, Mary y Hilma, y adentrarnos en campos científicos que no paran de proporcionarnos tanto conocimientos como objetos de inspiración. Nos proyectamos en la búsqueda de formas nuevas y originales de expresar lo que la relación entre sociedad, naturaleza y ciencia nos quiera aportar. Seguimos los pasos de la propia Hilma af Klint cuando afirmaba: “Cada vez que termino uno de mis bocetos, mi comprensión sobre la humanidad, los animales, las plantas, los minerales y la creación toda entera, se hace más nítida” [10].

Referencias
[1] Para una presentación general de esta artista, se puede consultar el sitio web de la Fundación Hilma af Klint, <https://hilmaafklint.se/about-hilma-af-klint/> [Última consulta: 29/03/2023, 10:55].
[2] Citado en Catharine de Zegher, “Abstract”, en 3 × Abstraction: New Methods of Drawing; Hilma af Klint, Emma Kunz y Agnes Martin , ed. de Zegher y Hendel Teicher, exh. gato. (Nueva York: Drawing Center; New Haven, Connecticut: Yale University Press, 2005), pág. 26.
[3] Para una presentación más pormenorizada de esta serie de pinturas, ver el sitio web de la Galería de Arte de New South Wales, <https://www.artgallery.nsw.gov.au/artboards/hilma/paintings-for-the-temple/> [Última consulta: 29/03/2023, 11:00].
[4] Javier Cuevas del Barrio, “Hilma af Klint. Pionera de la abstracción”, m-arte y cultura visual, 31 de diciembre de 2013, <https://www.m-arteyculturavisual.com/2013/12/31/hilma-af-klint-pionera-de-la-abstraccion/> [Última consulta: 29/03/2023, 11:05].
[5] Julia Voss, “The first abstract artist? (And it’s not Kandinsky)”, Tate Etc., 27, <https://www.tate.org.uk/tate-etc/issue-27-spring-2013/first-abstract-artist-and-its-not-kandinsky> [Última consulta: 29/03/2023, 11:10].
[6] Halina Dyrschka (dir.) (2019). Beyond the Visble – Hilma af Klint. Zeitgeit Films. 94 minutos.
[7] Quien afirma esto es Iris Müller-Westermann – Comisaria de arte internacional del Moderna Museet (Estocolmo).
[8] Del griego theos (dios) y sophia (sabiduría). Conjunto de enseñanzas y doctrinas difundidas bajo
ese nombre por Helena Blavatsky a finales del siglo XIX.
[9] Ver el citado documental Beyond the Visble – Hilma af Klint.
[10] La fuente es, de nuevo, Beyond the Visble – Hilma af Klint.